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¿Por qué los niños son testigos de nuestras discusiones, pero no son testigos de cómo admitimos nuestro error y pedimos disculpas?

 

A menudo pienso en la COHERENCIA entre lo que estamos tratando de enseñar a los niños y lo que pueden aprender al observarnos. Creo que el tema del perdón es un gran campo para trabajar la coherencia.

 

Muchos de nosotros hemos sido testigos de discusiones o peleas entre nuestros padres, pero pocos hemos visto cómo se piden perdón. Y no hablo de que no se reconciliaran o no olvidaran el asunto, sino de verbalizar la palabra «perdón», de decirlo en voz alta, delante de sus hijos. 

 

Sin embargo, en una discusión entre niños, probablemente todos hemos escuchado instrucciones de nuestros padres tales como: discúlpate con tu hermano; no hagas eso, abraza a tu hermanita o dale un beso; dale la mano a tu amigo, di “lo siento”…

 

Ahora somos adultos y me pregunto si usamos con nuestros niños las mismas frases que oíamos de nuestros padres y, lo que es más importante, si nosotros mismos les damos ejemplo de ellas.

¿Por qué los niños pueden ser testigos de nuestras discusiones, pero no son testigos de cómo le pedimos perdón a nuestra pareja?

 

Tal vez algunos de nosotros no usemos esta palabra mágica con nuestra pareja en absoluto. Tal vez algunos no sepan admitir su error. O tal vez los adultos nos disculpamos y admitimos errores en privado, quizás por la noche en la cama y por eso los niños no pueden verlo. 

 

Pero, ¿por qué entonces esperamos que los niños hagan algo que no les mostramos nosotros mismos? ¿Por qué deberían decir «perdón» a su hermanito, si papá no se disculpa con mamá? O tal vez sí se disculpa, pero el niño no lo ve.

 

¿Qué les enseñamos a los niños? Demos ejemplo: dejemos que vean no solo nuestros desacuerdos y molestias, sino también que un adulto sabe admitir sus errores y pedir perdón. 

 

Tal vez esta podría ser una buena regla:

Si los niños son testigos de nuestra discusión, nuestras disculpas también tendrán lugar ante sus propios ojos.

Se trata de mostrar coherencia entre lo que les pedimos a los niños y lo que practicamos con nuestros seres queridos. Además, de esta manera, ellos podrán ver también el segundo acto de la película «mis padres tienen una pelea», que es más positivo, ¿por qué privarlos de verlo? Si no nos da vergüenza elevar nuestras voces en presencia de los niños, ¿por qué estar avergonzados al disculparnos y reconocer nuestro error? ¿Por qué no tenemos vergüenza de discutir delante de sus ojos siendo esto algo negativo, pero sí nos incomoda admitir nuestra culpa, siendo una práctica positiva? 

 

¿Y cuántos padres se disculpan con sus hijos? Los adultos no somos infalibles. A veces, no tratamos a los niños como se merecen. ¿Somos lo suficientemente coherentes en nuestra educación como para disculparnos con nuestros propios hijos? ¿Ser adultos nos libera de disculparnos con los no adultos? 

 

Hagámosles observar cómo practicamos lo que les pedimos a ellos smile

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