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(Leído por mi marido, Javier)

Es una de las preguntas más frecuentes y más importantes que se hace el ser humano:

 ¿Qué significa amar a alguien?

No hay una sola respuesta a ella. Yo voy a compartir contigo la mía. No digo que mi definición de amar sea la verdadera y única, pero en lo que me concentro es en su claridad y utilidad.

Una visión común de qué significa amar es la base de una relación de pareja duradera y satisfactoria.

Porque actuamos tal cómo entendemos el mundo. Si queremos caminar juntos en la misma dirección y evitar decepción, es imprescindible que compartamos la misma visión sobre qué significa amar.

Hace poco vi en la televisión una entrevista sobre el lujo. El entrevistador paraba a personas por la calle y les preguntaba cuándo había sido la última vez que se permitieron un lujo, qué fue, cuánto les costó y qué pedirían si él fuera un mago y pudiera concederles ese lujo. Las respuestas fueron muy distintas. Una señora dijo que hace poco había vuelto de un lugar en Brasil donde no hay carreteras, solo se puede llegar con un yate o en helicóptero, que era un lugar exclusivo y le había encantado. Hablando del lujo que pediría al mago, dijo que le gustaría tener diamantes de Holanda de 24 quilates (de 20 no porque mejor algo bueno o nada). Otra persona dijo que lo más lujoso que había experimentado en su vida fueron varias noches en un hotel en la costa española y que esto fue hace muchísimos años. El lujo que pediría sería tener vacaciones. Otra señora dijo que se había comprado un bolso hacía poco tiempo y que costó 10 o 15 euros. Este era un lujo para ella. ¡Y lo decía con una enorme sonrisa!

Todos hablaron del lujo, pero para cada uno de ellos esta palabra tenía otro significado. ¡Lo mismo ocurre con el amor! Parece que todos sabemos qué significa amar, pero pienso que para que una relación de pareja dure y prospere, hay que ir al detalle y construir nuestra visión común.

¿Qué significa entonces amar a alguien para mí?

Te presento mi definición de amar:

AMAR = PENSAR EN EL BIEN DEL OTRO

Simple, ¿verdad? Hasta parece obvio. Pero he tardado varios años y he cometido muchos errores antes de concluir lo que te transmito. Déjame explicarlo.

El amor, para mí, empieza en el momento de la DECISIÓN. Estoy enamorada, conozco a la persona y sus imperfecciones y, racionalmente, tomo la decisión de ofrecerle mi amor. Amor, no sentimientos. Dicha decisión, que he tomado de forma CONSCIENTE, conlleva mucha responsabilidad. Puedo estar enamorada y no tomar esta determinación. A mí me ha ocurrido.

Había conocido a un chico que tenía fama de “Casanova”. Yo era joven y creía en esos mensajes que te vende la televisión, según los cuales “el amor verdadero cambia a la persona”. Entonces, yo me decía que él todavía no había encontrado el amor verdadero y que conmigo la historia podía ser distinta si era amor verdadero. ¡Qué cosa más irracional! ¡Mentiras que nos creemos las chicas! Creía que yo era especial, que conmigo iba a ser distinto, que sería la única para él. Afortunadamente, yo era muy joven y no tenía la posibilidad de verlo a menudo. Mi corazón estaba conmovido, pero mi mente de vez en cuando daba señales de preocupación. No sé cómo habrían ido las cosas si me hubiera contactado más y si yo no hubiera fingido ser inalcanzable. Lo bueno es que descubrí una cosa:

Cada vez que lo veía en una fiesta y hablaba con él, mis sentimientos se renovaban. Luego, en casa, los primeros días después de habernos visto, eran puro sufrimiento y soñaba con él todo el tiempo. Después de una semana ya me encontraba mucho mejor. Y a las dos semanas, ¡ya no pensaba en él! Y luego, en alguna fiesta nos veíamos otra vez y el proceso se repetía. Necesitaba más o menos dos semanas para curarme de lo que sentía. ¿Entiendes? Los sentimientos son algo que no controlas demasiado. No decides si quieres sentir algo por alguien o no. Es solo fascinación, es enamoramiento, es obsesión y no es amor. Hasta que no conozcas bien a la persona y decidas quererla, no estamos hablando de amor. Yo en ningún momento decidí amar a ese chico. Amas a la persona con la que te has comprometido a pensar en su bien. Y la amas cuando lo cumples. 

Otra palabra relacionada con mi visión es: COMPROMISO. Decido comprometerme a pensar en el bien de mi pareja.

Mi definición de amar supone entonces:

UNA DECISIÓN CONSCIENTE DE COMPROMETERME A PENSAR EN EL BIEN DEL OTRO

Ahora iremos al detalle. ¿A qué me refiero exactamente diciendo “pensar en el bien del otro”?

Primero, necesitamos conocer al otro para saber cuál es su bien (bien = bienestar = felicidad = plenitud). Para ello pregúntate:

¿Qué enriquece su vida?

Esto es algo que no aprendemos de una vez y para siempre, sino que vamos actualizando con el paso del tiempo y según nuestro conocimiento del otro. Me gusta la visión de ir haciendo un grado, luego un máster y, hasta incluso, un doctorado del otro, para aprender a amarlo mejor.

Sabiendo qué es bueno para el otro, y teniéndolo en cuenta, cada decisión que tomo, cada cosa que hago, todo lo que digo y el cómo lo digo, tiene que incluir su bien. Incluso cuando no digo nada o cuando no hago nada, debería ser por su bien.

La regla es sencilla: antes de decidir algo o hacer algo, me pregunto:

¿Es bueno para el otro?

¿Le va a enriquecer?

Esto es amor para mí. Cuando DECIDO, HAGO, DIGO y CÓMO LO DIGO, ¿mi intención es enriquecer a mi pareja?

Parece sencillo, pero en la práctica es muy difícil. Yo fallo muchísimas veces en preguntarme continuamente si lo que quiero hacer va a enriquecer a mi marido, si la decisión que voy a tomar va a ser buena para él, si la forma de decirle que algo no me gustó es cariñosa. No son solamente decisiones grandes, sino también todas las pequeñas elecciones de la vida cotidiana. Lo que le dije, ¿fue por su bien? Como lo dije, ¿ha sido con amor? ¿Estoy abriendo la boca para enriquecerlo o para hundirlo? El amor es ir examinando MI INTENCIÓN todo el tiempo. Lo que digo o no digo, lo que hago o no hago, ¿es para construir una relación mejor? ¿Mis acciones  van a fortalecer o dañar nuestro vínculo? He de pensar siempre en mi intención. ¿Se lo digo a mi esposo para que nuestra relación crezca o solo quiero criticarlo, hacerlo sentir culpable, avergonzarlo, para tener razón, para sentir mi propia satisfacción, para lucir como la que sabe, para conseguir lo que a mí me gusta? Muchas veces no nos damos cuenta de nuestras intenciones ocultas. Las palabras y los actos tienen poder de construir o destruir. Cada día estamos poniendo nuevos ladrillos, o quitando algunos, de nuestra obra en común. La construcción está creciendo, o mejor aún, yo la hago crecer o la arruino. Construyo o destruyo.

Amar es una RESPONSABILIDAD y un gran compromiso. Algo que no depende de mí humor, de mis sentimientos, ni de mis ganas. Un ejemplo fantástico del amor maduro, no basado en los sentimientos, es el comportamiento de las madres y los padres frente a los hijos. Por la madrugada, el bebé comienza a llorar, no les apetece levantarse, pero quieren su bien, y es por ello que se levantan y lo consuelan. Están irritados con su hijo, pero le darán de comer, aunque no tengan ganas de cocinar,  aunque no estén de humor para servirle. Lo que hacemos para nuestros niños racionalmente, debemos ponerlo en práctica con nuestra pareja. Se trata de SERVIRNOS mutuamente, dando lo mejor de uno, sin pedir nada a cambio, solo pensando en dar, por el bien del otro.

No quiero decir que las necesidades de tu pareja son más importantes que las tuyas, al contrario,¡están en el mismo nivel! Te importan dichas necesidades y decides actuar, en cada ocasión, teniéndolas en cuenta. Cuidar igualmente tu propio bien y el de tu pareja. Sin ponerte delante, sino incluyendo su confort en cada oportunidad. Pensar en el bien del otro no es olvidarte del tuyo, es simplemente incluir su bienestar. Uso la palabra “pensar” para poner hincapié en la intención y el proceso previo de examinarla. Sin embargo, podríamos cambiar la palabra “pensar” por incluir.

AMAR = INCLUIR EN EL BIEN DEL OTRO

¿Y qué pasa si su bien va contra el mío? Situaciones así son inevitables. Pero no tienen que ser muy difíciles de resolver si los dos cuidan el bien del otro. Si a mí me importa el bienestar de mi pareja, daré importancia a su idea, a su deseo, a su necesidad. Y si a él le importa el mío, escuchará qué es importante para mí y actuará teniéndolo en cuenta. Juntos buscaremos una solución creativa que nos satisfaga a los dos. Siempre buscando el bien del otro y de nuestra relación. Al final, si algo es bueno solo para uno de los dos, probablemente tampoco sea bueno para nuestra relación. Repito, no se trata de disminuir mis necesidades y priorizar las del otro, sino ponerlas al mismo nivel, dar la misma importancia y siempre incluir el bien del otro.

De verdad, funciona muy bien si los dos están de acuerdo con esta definición de amar y comprometidos en practicarla cada día. No tienes que preocuparte por convertirte en alguien que suprime o descuida sus necesidades, que esconde sus deseos y solamente piensa en lo que quiere el otro. Tu pareja, si sigue este modelo, te escuchará y dará importancia a tus deseos y necesidades. Es un modelo “Win – Win”, en el que buscamos la satisfacción de los dos.

Ya sabes qué significa amar para mí ¿y para ti?

¿Tú y tu pareja tenéis la misma visión?

La definición de esta palabra tan corta como es “amar” va a ser vuestra guía, vuestra brújula que marcará la dirección e influirá en vuestra decisiones y comportamiento.

Con mucho cariño y deseándote que tengas una relación de pareja llena de satisfacción,

Aga

Ya sabes qué significa para mí amar. Te recomiendo que leas qué es para mí amor y cuáles son sus dos componentes.

Esta entrada contiene fragmentos de mi libro El Amor Se Hace (pronto será publicado).

 *Click Aquí para descargar.

 

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