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tolerancia

¿Qué es tolerancia?

Para mí tolerancia es mucho más que aceptar las diferencias religiosas, étnicas u sexuales. Tengo la impresiión de que muchas veces caemos en ideantificar la tolerancia con la aceptación de grupos específicos de personas, pero nos olvidamos de practicarla en la vida cotidiana cuando se trata de cuestiones “menos grandes”.

En general podríamos decir que una persona tolerante es capaz de aceptar sin molestias las actitudes y características de los demás. No tiene que estar de acuerdo o apoyar, pero coexiste con distintas opiniones, creencias, comportamientos, preferencias. 

¿Cómo podemos fomentar una actitud tolerante y respetuosa en nuestros hijos?

 

Podemos empezar por cambiar nuestra propia actitud 🙂

Queremos que nuestros hijos desarrollen distintas habilidades y conocimientos. Por eso les enseñamos cómo hacer esto o aquello. Gracias a lo que les transmitimos no necesitan descubrir la rueda de nuevo o cometer algunos errores que, en algunos casos, hasta podrían ser peligrosos.

Por eso, con muy buenas intenciones, les enseñamos que las cosas “se hacen así”: la cama se hace así, una casa se dibuja así, una tortilla se cocina así… Pero la pregunta es esta:

¿Es la única manera de hacerlo?

¿La única manera de hacer la cama, la única manera de hacer tortilla, la única manera de limpiar la habitación…?

Y nos pasa no solo con niños, sino también con nuestra pareja, amigos, compañeros o desconocidos. Hablamos de NUESTRA manera de hacer las cosas, pero la presentamos como LA manera. Siendo polaca me doy cuenta de lo mucho que se usa en español la forma impersonal “se hace”, “se cocina”, “se cambia”, “se limpia”, “se dice”… Como si fuera algo obvio y objetivo.

Podríamos decir que lo que les enseñamos a los niños no es la única manera de hacer algo, pero, sin duda, es la MEJOR. Al final, si les enseñamos algo, es porque estamos convencidos de que es bueno.

Pero ¿qué significa mejor? ¿Más rápida? ¿Más duradera? ¿La comida sale más sabrosa?

Imagínate que quiero preparar un potaje y mi madre me explica cómo hacerlo. Resulta que “hay que” cocinarlo a fuego lento. ¿Pero qué pasa si para mí el tiempo es muy importante y lo pongo a fuego fuerte? ¿Y si al final consigo un sabor bastante bueno, tal vez no espectacular, pero lo disfruto y he empleado menos tiempo cocinando? Esta manera de prepararlo ha sido mejor para mí entonces.

La mejor manera de hacer algo puede significar distintas cosas:

  • la que más disfruto,
  • la más rápida,
  • la más duradera,
  • la más cómoda,
  • la menos costosa,
  • la más divertida,
  • la más segura,
  • la que más calor da,
  • la que requiere menos esfuerzo
  • etc., etc., etc.

¿Cuántas veces discutimos porque “esto se hace así” y porque nuestra manera de hacer algo es mejor? Tal vez podríamos precisar que nosotros lo hacemos así porque valoramos x. Es importante practicar esta actitud de apertura hacia otras posibilidades tanto con niños como con otras personas que nos rodean.

Hace años, estando en un hotel, Javier y yo empezamos a jugar al billar. Fue la primera vez que jugamos juntos. Javier quería enseñarme cómo “hay que” coger el palo, qué posición “tengo que” adoptar y cómo “se” tira. Pero para mí la mejor manera de jugar en aquel momento era la manera más divertida. A mí no me importaba jugar “bien”, yo quería disfrutarlo. Para mí la mejor manera de coger el palo era la más cómoda. Sin embargo, hoy estaría dispuesta a mejorar mi técnica y aprender maneras de jugar que fomentan la posibilidad de acertar al agujero. Lo mejor en un momento no es lo mismo que en otro.

¿Y qué tiene que ver este tema con valores? Si nuestros niños (y nosotros) vemos solo una manera correcta, apropiada o buena de hacer las cosas, ¿cómo vamos a tratar a los demás que tienen sus maneras?

enseñar tolerancia

No quiero decir que no haya que enseñar cómo hacer las cosas, sino que animo a hacerlo como una de las posibles vías y con la sensibilidad hacia a lo que al niño (especialmente cuando ya es un poco más grande), o a otras personas, le parece importante en una actividad dada.

¿Por qué hay tantos problemas de convivencia entre adultos? Una de las razones es que muchos de ellos conocen y aceptan solamente una manera de hacer las cosas. Hablando con parejas me doy cuenta de que algunas personas están convencidas de que “esto se hace así” (pon aquí lo que quieras: la colada, cómo educar a los niños, cómo organizar el escritorio, cómo se celebra el cumple, cómo se riega las plantas…) y el único argumento es que “en mi casa se hacía así”.

Y si no permito ni siquiera que mi pareja, la persona más querida, haga algo de la manera que le gusta (aunque me parezca una manera poco eficaz), ¿cómo seré capaz de aceptar y respetar el punto de vista y opiniones de otras personas que distan de las mías? Si no soy capaz de respetar la diversidad en mi propia casa, ¿cómo la voy a respetar y honrar en el mundo?

¿Tal vez no nos hemos parado a pensar que en un momento dado valoramos distintos aspectos de una actividad? Para mí muchas veces es la eficacia, pero para Javier es otra cosa, por eso nuestras “mejores maneras” son distintas.

Así que animo a cuidar nuestro lenguaje y hablar por nosotros mismos: YO lo hago así porque a mí me gusta, porque yo valoro, porque para mí es importante x. 

Podemos cambiar instrucciones por consejos o recomendaciones: yo lo haría así, una de las maneras de hacerlo es…, puedes probar…, en mi opinión lo que mejor funciona es…, a mí me gusta hacerlo así… 

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